domingo, 5 de octubre de 2014

Mis experiencias de compras por internet

Mi experiencia comprando por Internet, eso es lo que quiero contarles hoy.

Ha pasado una semana de emociones nuevas.

Generada por mi cumpleaños, la idea de probar la compra a distancia, a la que nunca he mirado con buenos ojos, surgió por el interés en productos difíciles de adquirir en tiendas locales. A mis hijos, que han crecido en este medio de las redes sociales, les parece algo muy natural y lejano de cualquier trauma. Por lo que me decidí a contarles qué era lo que me agradaba y dónde encontrarlo.
Hicimos las consultas de rigor: precios, formas de envío y pago. No se tuvo éxito en algunos casos, pues nunca respondieron y en otros casos que si lo hicieron los precios eran muy altos, lo que unido al costo de envío encarecían mucho el regalo.

En la mayoría de los casos el costo de envío no estaba incluido y uno debía averiguar por sí mismo con cuánto se debería contar extra para recibir el pedido.

Finalmente y empujada por mis hijos, ya que en el camino no logré encantarme del sistema de compras por Facebook, me decidí por dos pedidos.

El primero en llegar fue el que provenía de más lejos y por ello también se encargó con más tiempo. Llegó desde Argentina por correos normales. Para rebajar costos mi hija eligió ese medio. Aunque no lo ha contado, sé que debió tener algo de preocupación por el paso de las semanas y no tener noticias de su pedido luego de perder el seguimiento del mismo una vez que entró en suelo nacional. Fueron cuatro largas semanas de espera desde que canceló por depósito en courier internacional hasta el momento que debió hacerse un espacio en sus actividades diarias para recogerlo en oficina, pese a haberlo solicitado a domicilio.

La segunda compra, el regalo de mi hijo, desde mi punto vista, fue la mejor experiencia de compra. Son las hermosas lanas de ovejas naturales sin teñir, provenientes de Chiloé. Desde el momento que envié el primer mensaje con las consultas de rigor, las respuestas no se hicieron esperar, siempre muy gentiles y rápidas. Ofreciéndome incluso ovillado especial, aunque yo preferí lo natural: la madeja. Con un precio razonable y sabiendo que debía además cancelar el envío, acepté que mi hijo comprara. Nunca se perdió la comunicación con la vendedora, siempre dispuesta a responder todo y a tiempo. Mi hijo depositó y recibí en las siguientes 24 horas el código de envío vía bus, que me indicaba, pese a la lejanía, que las hermosas lanas ya venían en camino. Retiré  dos días antes de mi cumpleaños una pequeña caja, perfectamente etiquetada y sellada con las preciosas lanitas. La entrega en la oficina de buses no tuvo más inconveniente que la entrega de mis datos personales y verificación de identidad.
 
Para mi hija en tanto los días transcurrían y la incertidumbre de saber si la llegada de su regalo sería oportuna o no, la llevó a pedirme que eligiera otro regalo y para no afectarla aún más, acepté que también me regalara lana de oveja.

Pero esta vez del más remoto y auténtico origen: Temuco. Donde una joven mapuche que, por los comentarios que observé, es muy querida en Facebook por las ventas de sus lanitas de oveja.

Debo decir que no fue fácil la comunicación. A decir verdad hubo una mínima comunicación. Fue un monólogo eterno en que intenté, a través de mensajes y comentarios, solicitarle información. Me culpaba a mí misma por no ser quizás muy clara en la solicitud. Y en cada mensaje trataba de ser cada vez más simple y menos protocolar. Cuando creía perdidas las esperanzas de contactarme, un día respondió simplemente indicando costo y forma de pago.

¡Por fin! Mi hija realizó el depósito y luego de enviarle foto del recibo a la vendedora, me quedé a la espera del código de envío, suponiendo fuera igual de expedito como lo fué desde Chiloé. ¡Pero mi pobre hija no dejó de sufrir!

Y comenzó una segunda eterna y silenciosa espera de siete días, en que no supimos más del pedido. A la semana recibí un mensaje atribuyendo el atraso a problemas personales muy plausibles, por lo que solo restaba esperar. Al completarse los diez días desde su pago, recibí un corto mensaje con el código de envío del bus. Ya no llegaría para mi cumpleaños. ¡Pero llegaría!

En cuatro días y temprano por la mañana acudí a la oficina de buses para retirar mi preciado regalo y aunque venía en una bolsa negra semiabierta, estaba con su contenido intacto: 5 coloridas madejas de lana de oveja.

El dependiente del bus cargo al ver que me llamó la atención el estado de la encomienda, se puso algo nervioso y me atendió en forma apresurada. Me solicitó escribir mis datos personales en una zona que no correspondía al destinatario sino al remitente, y como yo sigo inexperta todavía, a estas alturas, simplemente escribí y firmé. Incluso debí insistir en que me diera la boleta por el dinero que le estaba cancelando y la que no mostraba interés en darme.
Ja Ja Ja ... Por si fuera poco, en la noche me dí cuenta al ingresar al seguimiento del envío por Internet que el funcionario del bus no ingresó la hora correcta en que recibí el paquete, sino ocho o nueve horas más tarde.

Sé que quienes compran por Internet deben tener mil historias que contar y no dudo que también los que venden podrían llenar libros. Mi experiencia, como todo en la vida es de dulce y agraz. Me quedo con lo bueno y con el infatigable deseo de mis hijos por regalarme algo especial. ¡Los amo!

En fin, si me preguntan si compraría nuevamente por Internet... ¡La verdad no lo sé! Quizás soy de la vieja escuela, del contacto más directo.

Lo que si sé es que mi gusto por tejer y por la bellas lanas no decae.

2 comentarios:

  1. QUÉ EXPERIENCIA, CONSUELO !!! PERO TIENES TODO YA EN TUS MANOS, AHORA A TEJER BELLEZAS CON ELLAS !!!

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    1. Ja Ja Ja ¡Así es, María, a tejer, tejer ... que es un placer!

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